Elecciones y Golpe de Estado
En las elecciones de 1919 Leguía había salido ganador, por el voto popular, en contra de Antero Aspíllaga, el candidato oficialista.
Sin embargo, ante la impugnación de votos por parte de la Corte Suprema (casi 15.000) – según Leguía, por instigación del gobierno de turno – el presidente electo decidió aplicar un golpe de estado al presidente de turno, José Pardo y Barreda, de afiliación civilista, deportándolo a Europa. Era el 4 de julio de 1919.
Leguía se pronunció a través de un manifiesto – publicado el mismo día del golpe – en los siguientes términos: “La consideración de que es un deber ineludible obtener que no se frustre el voto popular emitido ya, me obliga a asumir la Jefatura Suprema de la república como presidente provisional” . Según él, por lo tanto, la acción apuntaba a defender la legitimidad del voto ciudadano.
Basadre tienen una teoría distinta, planteando, entre otras cosas, que Leguía tenía interés en disolver el Congreso, para asumir el poder amparado por un nuevo Congreso que le fuera aliado.
Luego de asumir el poder, Leguía impulsó la celebración de un plebiscito en vistas de la reforma constitucional, la elección de un nuevo Congreso y la formación de una Asamblea Nacional, que elaborara una nueva constitución y que lo declaró Presidente Constitucional. Entre las enmiendas constitucionales aprobadas en el plebiscito están: la elección por voto directo popular; la introducción del impuesto a la renta progresivo; la elección del Ejecutivo junto con el legislativo y la prohibición de la suspensión de las garantías individuales.
La Asamblea Nacional – conformada en su mayoría por miembros leguiístas – elaboró y publicó la constitución de 1920, la cual, entre otros artículos, determinaba la prórroga del periodo presidencial de 4 a 5 años y la creación de los congresos regionales. Estos congresos tenían la facultad de crear y aprobar leyes para la región, teniendo el presidente derecho de vetar leyes. En 1922 se incorpora una enmienda en la nueva constitución que aprobaba la reelección presidencial. En 1926, una nueva enmienda aprueba la reelección indefinida. Durante los trabajos para la constitución, se llegó a proponer el voto femenino, pero este no llegó a ser aprobado.
El aumento del tiempo de mando determinado por la constitución hizo que el primer periodo presidencial del Oncenio se extendiera hasta el año de 1924, y la enmienda permitiendo la reelección hizo que Leguía pudiera seguir en el poder por un periodo más. La enmienda de 1926 permitió que “el gigante del Pacífico” fuera reelegido para su tercer mandato consecutivo en 1929.
La “Patria Nueva”
Leguía inauguró un régimen que llamó “Patria Nueva”. Entre otros objetivos, los principales eran: fomentar el protagonismo de la clase media en su participación de la vida y economía del Estado; resolver los problemas limítrofes; promover un progreso material acelerado; invertir en la construcción obras públicas.
En la práctica Leguía asumió un gobierno autoritario y dictatorial, infringiendo las libertades individuales supuestamente garantizadas por la constitución, como la libertad de expresión, de prensa y de afiliación política. De hecho, Leguía persiguió a sus opositores políticos, atacó a los diarios de oposición – llegando a cerrar el diario “La Prensa”, en 1921 y deportando personajes como Luis Fernán Cisneros, director de dicho diario, Víctor Andrés Belaúnde, quien saliera en defensa del mismo Cisneros, y José de la Riva Agüero, quien había criticado en un manifiesto la suspensión del orden constitucional.
El 10 de setiembre de 1919, antes de que se instalara la Asamblea Nacional surgió la denuncia de una conspiración contra el gobierno, y de un proyecto de atentado con el mismo Leguía. El presidente realizó un comicio de protesta y pronunció un discurso, luego del cual, turbas de leguiístas salieron por las calles generando violentos desmanes. Quemaron el local del diario “La Prensa” y atacaron a balazos el diario “El Comercio”. Luis Miró Quesada, director de este diario, junto con sus trabajadores, se defendió de la turba a balazos, logrando salvar su local. La casa de Antonio Miró Quesada fue quemada y la de Antero Aspíllaga Saqueada. Una especie de “psicosis” sobre una supuesta conspiración comenzaba a ingresar en el gobierno recién iniciado. A partir de allí, toda oposición era subversión.
sábado, 28 de marzo de 2009
viernes, 27 de marzo de 2009
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